Recorriendo el Camino a Tiatucura en bicicleta
31 octubre al 06 noviembre 2025
Jorge Stanham (Instagram @jorgecstanham)
Alice Méndez (Instagram @mendezstirling)
Introducción
Nos enteramos de la existencia del Camino a Tiatucura hace más de un año, gracias al programa 'En la Ruta' de Eduardo Batista (Instagram @contacto.eduardobatista), que está disponible en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=Ec69K7VuTFA. Eduardo comentó que el Camino se puede recorrer caminando, a caballo, en auto, en ómnibus y... ¡en bicicleta! Más recientemente, nos enteramos por Facebook, que un matrimonio de médicos que conocemos, lo había recorrido en bicicleta. Nos contactamos con ellos y nos dieron 'tips' importantes para que nosotros tuviésemos esa misma experiencia. Somos ambos ávidos ciclistas y nos pareció que, a nuestros 70 años ya pasados, era la mejor aventura para proponernos.
Es fundamental, para programar el viaje, contactarse antes con Gloria o Jannet (cel/WA 098874977) de Alquimia Posada & Spa en Guichón, para obtener información sobre los contactos en los pueblos a visitar y los hogares donde alojarse, de modo que los estén esperando.
31/10 Llegada a Alquimia Posada & Spa en Guichón
Llegamos a Guichón pasada la media tarde de un día soleado. En la posada nos recibió Jannet y, luego de instalarnos en la habitación, nos preparamos una picada a la puesta del sol, contemplando desde la altura donde se ubica la posada, el panorama de la ciudad.
01/11 De Guichón a Piñera-Beisso
Luego de desayunar, nos reunimos con Jannet, para que nos dé indicaciones sobre la ruta de salida de Guichón, rumbo a Piñera-Beisso y con destino final en Tiatucura-Salsipuedes. El trayecto del Camino a Tiatucura sigue la ruta 25 hasta Tres Árboles y prácticamente corre al lado de la línea ferroviaria de la antigua empresa Midland, que conectaba las estaciones Chamberlain (al norte de Paso de los Toros), con Tres Arboles, Merinos, Piñera y Guichón, para bifurcarse más adelante en estación Algorta para Fray Bentos al suroeste y Paysandú y Salto al noroeste. En la última década, esta vía ha sido renovada entre Tres Árboles y Paysandú, aunque no circulan actualmente trenes. Por otro lado, la ruta y la vía son el límite de los departamentos de Paysandú al norte y Río Negro al sur. El tramo que une Guichón con Piñera se caracteriza por la presencia de palmares de Butiá yatay (palma yatay). Más adelante, se pasa junto a extensas plantaciones de eucaliptus. El camino tiene algunas pendientes, por haberse construido cobre la cuchilla de Haedo, hasta llegar a Tiatucura.
Cuando llegamos a Piñera, se nos indicó por mensaje que nos dirigiéramos al pueblo Beisso, constituido por dos grupos de casas de MEVIR, al norte de Piñera. En el primer grupo de casas, nos recibieron Marianela y su esposo Alberto. Se nos brindó allí un exquisito almuerzo de carne, papas y verduras y postre. De tarde, Alberto nos llevó en camioneta a conocer el pozo de agua Icuré, de donde a principios del siglo XX se extraía agua pura, que llegó a exportarse a Europa, por sus propiedades saludables. Luego, nos llevó a conocer los menhires, que son conjuntos alineados de rocas en forma de monolitos de hasta 1 metro de altura, que se supone datan de la época de las estancias jesuíticas, aunque pueden ser de grupos indígenas anteriores. Una de las alineaciones, según el compás del celular, está orientada casi perfectamente en dirección norte-sur (0 grados). Visitamos la plaza de Piñera, donde está la escuela Nro 17, que lleva el nombre del Maestro José María Firpo, quien enseñó allí. Volvimos a Beisso y fuimos a la casa de Claudia y José, en el segundo grupo de viviendas, donde cenamos y pasamos la noche. Tuvimos el gusto de conocer a Rogelia, con quien habíamos estado en contacto antes de emprender el Camino a Tiatucura.
Primera escala: Piñera-Beisso
Con Marianela y Alberto
Con Rogelia
Manantial de Icuré
Los menhires
Despedida de Beisso con Claudia
02/11 De Piñera-Beisso a Merinos
Al día siguiente, salimos de Beisso, pasando por Piñera y rumbo a Merinos. El entorno a los lados de la ruta está marcado, en buena parte, por plantaciones de eucaliptus. Pasada la mitad de la etapa, sobre la izquierda, se encuentra la capilla del Carmen, de más de 100 años de antigüedad y con una historia interesantísima. Esta zona fue colonizada por inmigrantes de origen español, especialmente gallegos y asturianos, lo cual se refleja en el nombre de algunas estancias, por ejemplo, 'La Asturiana'. Merinos debe su nombre a la raza ovina merino australiano, que era la más criada en la zona. De los pueblos visitados, Merinos es el que está más 'encima' de las vías del tren, especialmente la panadería, donde nos alojamos, a escasos metros de los rieles. Allí nos recibieron Nidia y Alberto. La construcción es antigua, con paredes anchas y la mitad está constituida por la panadería en sí, donde Alberto elabora panes, galletas, bizcochos y repostería variada, comenzando su labor a las 3 de la mañana, para salir, luego de desayunar, en su bicicleta cargada de pan en dos cajas encima de las ruedas delantera y trasera, a repartir su producción por el pueblo. Ese mediodía almorzamos unos deliciosos ravioles caseros, hechos delante de nosotros por Nidia, acompañados por varios familiares. Nidia estaba orgullosa de haber mejorado el dormitorio de huéspedes, con un nuevo piso cerámico y un cielorraso impecable. Hablamos largamente entre todos luego de la cena, pero Nidia se quedó más rato contándonos su historia familiar, de sus padres, sus hijos, de su nieta y de los planes que tiene para cuando el Camino se vuelva más transitado por peregrinos. Nos quedó resonando la risa de Nidia al contar sus historias, manifestando un gran sentido de humor. Al día siguiente, esperamos a que Alberto saliera en su bicicleta a repartir su producción, para luego partir hacia pueblo Morató, pasando por la estación Tres Árboles.
Capilla del Carmen entre Piñera y Merinos
Panadería de Merinos
Nidia haciendo ravioles caseros
Alberto trabajando desde las 3am
Alberto saliendo a repartir su producción del día
03/11 De Merinos a Tres Árboles y Morató
El camino a Tres Árboles y Morató, es más abierto, sin tantas plantaciones forestales y donde se resalta una vista amplia del horizonte, al estar la ruta sobre las cimas de la cuchilla de Haedo. El tramo es apenas más largo a los dos ya transitados y, próximo al destino, se divisa al final del camino una capilla de paredes bien blancas, donde la ruta se bifurca, saliendo una rama a la derecha hacia la estación Tres Árboles y otra a la izquierda hacia pueblo Morató. Nos dirigimos hacia la estación, donde nos encontramos con el cuidador 'Cholo' da Silveira, con quien coordinamos para recorrer las instalaciones al final de la tarde. En pueblo Morató, nos recibieron Dany, su esposo Aldo y su hijo Kevin. Nos ubicaron en nuestra habitación y almorzamos una rica tortilla de acelga con hamburguesas. En la tarde, nos visitó Elma, quien nos demostró cómo ella trabaja artesanalmente con lana, cardando e hilando en forma manual, además de hacer tejidos. Llegada la tardecita, fuimos en bicicleta con Kevin y Elma a la estación Tres Árboles. Nos recibió el 'Cholo', jubilado de AFE luego de más de cuatro décadas y conocedor de la historia del ferrocarril en esa zona del país. Durante largo rato, nos contó anécdotas y respondió a nuestras inquietudes y curiosidad sobre el futuro del ferrocarril, al ver que las vías, como dijimos anteriormente, estaban totalmente renovadas. Volvimos a Morató, donde esa noche cenamos pollo al horno, previo al tramo largo y complejo que tendríamos al día siguiente.
Estación y empalme Tres Árboles
Con el 'Cholo' da Silveira
Elma demuestra su arte con la lana
El martes 04 noviembre amaneció claro. Estábamos muy atentos al tiempo, ya que ese día, por no haber dónde alojarnos en Tiatucura, debíamos hacer el recorrido de ida y de vuelta, que con la extensión a Salsipuedes serían 45 km en total, sobre camino de pedregullo. Queríamos evitar tormentas, no solo por la mojadura de una lluvia, sino por el riesgo de rayos en la eventualidad de actividad eléctrica, en una zona muy abierta y despejada. El camino de pedregullo es más cansador para el pedaleo, especialmente al subir pendientes, pero lo recorrimos sin dificultad hasta llegar a Tiatucura (que en algunos mapas, incluido Google, figura como Villa María, su denominación original). Al detenernos frente a la capilla, saludamos y conocimos a Elizabeth, la enfermera de la policlínica de ASSE que linda con la capilla. Nos comentó que nos encontraríamos luego, ya que íbamos a almorzar con ella en su casa, que queda a menos de 100 metros de allí. El tramo final, de 4.5 km hasta el arroyo Salsipuedes, es en descenso hasta el valle por donde corre, rodeado de monte ribereño. Unos 200 metros antes del puente que lo cruza y que une a los departamentos de Paysandú y Tacuarembó, se encuentra el monumento a lo sucedido el 11 abril 1831, cuando Bernabé Rivera mató a quienes se suponía eran los últimos Charrúas, en una página triste y trágica de nuestra historia. Mientras estábamos frente al monumento, se nos acercó en una moto Lilián, quien nos guió por la zona, recorriendo el monte y cruzando el puente sobre el arroyo, para luego encontrarnos en la casa de Elizabeth, en Tiatucura. Almorzamos con Elizabeth, quien nos contó su historia en la zona y el pueblo. Antes de las 14 horas, emprendimos el regreso. A los pocos metros de salir, comenzó a llover ligeramente, pero duró apenas unos 5 minutos, aunque sería un presagio de lo que nos esperaba. Las nubes oscuras en el horizonte, se iban aproximando y el viento iba en aumento y en dirección contraria a la nuestra. Vigilábamos permanentemente las nubes, para detectar actividad eléctrica en forma de relámpagos o rayos, pero afortunadamente no hubo nada inquietante. Faltando más o menos 7 km para llegar a Morató, hay una larga curva a la derecha y luego otra a la izquierda, que es seguida por una pendiente ascendente algo empinada y con pedregullo suelto. Fue en este momento que se largó a llover, aunque no intensamente, pero sumado al viento contrario y a la pendiente, debimos bajarnos de las bicicletas y caminar unos 300 metros hasta la cima, donde afortunadamente calmó la lluvia y pudimos recorrer el tramo final sobre las bicicletas, sin inconveniente. Llegamos a la casa de Dany, Aldo y Kevin en Morató con sol y cielo claro. Nos confesaron que estaban atentos a noticias nuestras, por la lluvia y el viento. Realmente, nos sentimos muy cuidados. Esa noche Aldo nos asó un cordero con chorizos, que estuvo exquisito.
Llegamos a Tiatucura - escultura de Ualde
Monumento de Ualde en Salsipuedes: 11 abril 1831
Fin del camino: cruzamos a Tacuarembó
Con Elizabeth y Lilián en Tiatucura
De vuelta en Morató: Aldo asando un cordero
Despedida de Morató con Aldo, Elma y Dany
Con Kevin y Elma
05/11 El retorno y el reencuentro: de Morató a Merinos
Debido a que habíamos dejado nuestro auto en la Posada Alquimia, había que recorrer todo el camino de retorno. Nuestro plan era pasar una noche en Merinos en la panadería de Nidia y Alberto, para luego seguir a Guichón, entrando en Piñera y Beisso, de modo de saludar a quienes habíamos conocido en el viaje de ida. Llegando a Merinos, en la puerta del antiguo almacén de ramos generales, tuvimos el gusto de conocer a Martín Ferreira, con quien tuvimos una amena charla, además de poder conocer el interior del almacén, reflejo de tiempos de prosperidad de la zona. Posteriormente nos dirigimos a la panadería, donde fuimos recibidos por Nidia y Alberto, donde nos sirvieron unos deliciosos canelones caseros como almuerzo. El día culminó con un atardecer especial: la puesta de sol, con cielo totalmente despejado, seguida por la salida de la luna llena, nos motivó a sacar muchas fotografías de las vías, la estación, la plaza, la escuela y la panadería. Esa noche, tal cual como la noche que pasamos en el viaje de ida, nos quedamos charlando con Nidia hasta tarde. En el dormitorio, nos había esperado con una sorpresa hecha por ella: un cubrecama, armado con cuadrados de jean y con motivos originales en las fundas de las almohadas.
Atardecer espectacular en Merinos
Plaza de Merinos - al fondo escultura de Ualde
Señal de la estación Merinos
Puesta de sol en Merinos
06/11 De Merinos a Piñera-Beisso y retorno a Alquimia
Al día siguiente, desayunamos con tortas fritas recién hechas y bizcochos. Luego de despedirnos de Nidia y Alberto, salimos rumbo a Piñera-Beisso, donde nos rencontramos con Alberto, José y Rogelia. Nuestra visita fue una agradable sorpresa, por no haber sido anunciada. Continuamos rumbo a Guichón, llegando a a la Alquimia Posada & Spa, apenas comenzada la tarde. Nos quedamos dos noches más en Alquimia, recuperándonos de casi 200 km sobre las bicicletas y aprovechamos además para conocer Guichón. Almorzamos en el restaurante Cimarrón y luego visitamos el museo de Guichón, donde nos recibió su dueño José María Rivero, quien nos mostró con orgullo su colección, nos cantó una canción con guitarra sobre Guichón y tocó el bandoneón. El 08/11, nos despedimos de Gloria y salimos rumbo a Montevideo, con las bicicletas a cuestas detrás del auto. Visitamos el Castillo Morató y seguimos por Paso de los Toros, Durazno y Florida, llegando a casa el 11/11.
Nuestra experiencia del Camino a Tiatucura
El Camino a Tiatucura es una iniciativa que tiene su origen en un concurso del Ministerio de Turismo en plena pandemia de COVID-19, que fue ganado por Gloria y Jannet de Alquimia Posada & Spa de Guichón, quienes tuvieron la idea originalísima de crear un destino turístico de peregrinaje por el Uruguay profundo, cuyas protagonistas serían las Mujeres Rurales. El proyecto está en crecimiento y consolidación. Tuvo un auge posterior a la difusión por programas de turismo como el de Eduardo Batista (En la Ruta, canal 4) y en redes como YouTube, estando algunas versiones hasta en inglés.
Luego de varias semanas de planificación, para prever los detalles de la logística del traslado de las bicicletas y averiguar dónde dejar el auto mientras recorríamos el Camino, resolvimos hacerlo en forma total, de Guichón a Tiatucura-Salsipuedes - y vuelta.
Las experiencias del viaje de ida fueron, más que nada, de descubrimiento de personas, pueblos y paisajes de una parte del Uruguay que desconocíamos. Disfrutamos especialmente del camino de vuelta, porque nos encontramos nuevamente con quienes ya nos habían recibido en sus casas. Conocimos sus historias personales y familiares, de sus planes personales y para sus hijos y sus nietos. Hemos creado lazos que perdurarán. Lo que vivimos en esos días nos mostró la historia de un Uruguay rural, ganadero y una vez muy próspero, marcado por las vías que enhebran y unen a los pueblos del Camino, con una realidad actual marcada por la forestación, con sus claroscuros para la vida de las personas, pueblos y lugares y finalmente, una apuesta al futuro, liderada por las Mujeres Rurales, ofreciendo una forma original de turismo y conocimiento, con eje en el Camino a Tiatucura.
El Camino de Santiago termina en la Catedral de Santiago de Compostela. En el Camino a Tiatucura hay varias capillas, pero no hay una catedral al final. La catedral es el mismo Camino a Tiatucura y las personas que conocimos, quienes le dan vida.





































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